A propósito del fin de ciclo escolar, recuerdo que cuando acababa de terminar la preparatoria cayó en mis manos un artículo titulado “Los asuntos inconclusos: fugas de energía” si mi memoria no me falla, y sin poder citar a mi fuente mas allá de lo que mi raquítica memoria permite, el autor (o autora) desde un enfoque gestaltico simplificado, quería transmitir al lector la importancia de cerrar los ciclos de su vida, por mas pequeños o insignificantes que estos parecieran.
Ahora, muchos años después y con mucha mas información académica al respecto, lo que recuerdo del artículo sigue saltando a mi mente cada vez que me encuentro en un momento de cierre de algún ciclo, por mas pequeño que parezca en el global de mi vida. Aterrizando un poco, el fin del ciclo escolar no representa un cierre grade para mi, yo no termino un nivel académico, no termino propiamente mi trabajo, en agosto volveré a hacer básicamente lo mismo, pero si termino una relación significativa con todos aquellos que se despiden de la preparatoria en este ciclo escolar y que se dirigen a perseguir sus sueños en muy diversos lugares, que comienzan a luchar por hacerse un lugar en la vida. Aunque desde afuera parezca algo rutinario, el cierre resulta importante, despedirse de los 160 alumnos (mas o menos) que durante tres años con sus altas y sus bajas, con mayor o menor intensidad pero compartieron importantes momentos de su vida conmigo, cerrar este ciclo es relevante.
A lo largo de los años, en la experiencia terapéutica y personal me he dado cuenta de que hay algunos ciclos en las relaciones interpersonales que las personas no saben como cerrar, o muchas veces no consideran importante cerrar y que a lo largo del tiempo se pueden convertir en verdaderos asuntos inconclusos, comparto con ustedes algunos:
- Las pequeñas discusiones que parecen irrelevantes pero que con el paso de los días vuelven a aparecer.
- Los proyectos de pareja, de familia que no se concretan y que están ahí, sin terminar pero molestando continuamente.
- Los malos entendidos cotidianos, que se acumulan y pueden dañar mucho las relaciones si no los aclaramos a tiempo.
- Las necesidades no expresadas.
- Los sentimientos guardados, y aquí incluyo tanto el coraje como la tristeza, pero también el amor y la alegría.
Un buen ejercicio es terminar tu día con esta pregunta ¿qué me quede con ganas de hacer hoy? y agendarlo para mañana sin falta. Ponerle fecha y hora a lo que no terminé hoy me permite ir cerrando aquellas pequeñas cosas para evitar que se conviertan en grandes asuntos que no podemos concluir.
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